Página: Semana Santa

Semana Santa

Antecedentes e historia

Por su condición de municipio joven y  madurado a la sombra de Murcia y Orihuela, las dos grandes ciudades entre las que se emplaza, bucear en la historia de Santomera siempre ha resultado especialmente complicado. La suma de las dos circunstancias anteriores justificaría la falta de una fuerte identidad propia que defender con orgullo y traspasar de generación en generación. Y eso, a su vez, parece la explicación más lógica a por qué existen tantas lagunas en el pasado de este pueblo, en comparación incluso con otros menos importantes ahora y antes.

El capítulo de la Semana Santa no es una excepción. En el contexto más amplio, las primeras procesiones pasionales de España se remontan al siglo XVI, coincidiendo con el Concilio de Trento y la Contrarreforma. Se tomó la decisión de exteriorizar la fe y empezaron a surgir las primeras cofradías y hermandades de Semana Santa. Las precisiones son, sin embargo, más arriesgadas al acotar el terreno. Para remontarnos a los orígenes de esta celebración en Santomera es necesario recurrir a conjeturas que, por razonables que sean, poco permiten dar por cierto. Son las que ofrece en distintos trabajos el recordado Paco Cánovas, fallecido en 2016, quien fue un gran conocedor del tema por su triple faceta de cronista oficial del municipio, hombre de profunda fe y presidente y mayordomo de La Dolorosa durante más de tres décadas.

Según Cánovas, las procesiones de Semana Santa debieron comenzar en Santomera a finales del siglo XVII o principios del XVIII. Para señalarlo, se basaba en indicios racionales. Se conoce por documentos históricos que la antigua ermita del Calvario fue ampliada en 1695 para añadirle dos nuevas capillas, «la del lado del Evangelio y la Epístola» cuyas hornacinas debieron destinarse a la Santísima Virgen de los Dolores y al Cristo con la Cruz a cuestas, como decían antaño los huertanos, pues fueron los mismos lugares que ocuparon estas tallas cuando se inauguró la actual iglesia parroquial, en 1870. La lógica invita a pensar que aquello se debió al deseo de poder realizar cortejos pasionales, para los que, además de estas dos imágenes, era necesario, como mínimo, que desfilara un crucificado: el Cristo de la Sangre que ya se veneraba con anterioridad en la vieja ermita.

Cánovas reforzó esa teoría con otro dato contrastado: en 1861, el alcalde denunció a un vecino por apropiarse de un olivar por donde pasaban las procesiones «de toda la vida»; de ahí se desprende que los más antiguos ya sabían por sus padres y abuelos que se celebraban desde hacía mucho tiempo. Y, con su habitual prudencia, aclara que las primeras pruebas irrefutables se fechan en 1898, aportadas por los libros de actas de la Asociación de la Virgen de los Dolores.

Así, pues, Santomera muy probablemente comenzó a realizar viacrucis penitenciales en los albores del siglo XVIII y, con total seguridad, ya sacaba procesión oficial el Jueves Santo a finales del XIX. Por entonces, ese primer cortejo –que entre 1979 y 2008 se adelantó a Miércoles–, contaba con los tres mencionados pasos, a los que más tarde se uniría San Juan. Y entre finales del XIX y muy principios del XX comenzó a celebrarse la segunda marcha pasional, la del Viernes Santo, la del Señor Muerto, como era entonces popularmente denominada. Y la de ‘la Cama’, que desde aquel momento engrosó la procesión del Santo Entierro, que, como hoy, cerraba La Dolorosa con manto negro, en la sublime trascendencia de La Soledad.

Aquellas pujantes procesiones santomeranas, capaces ya de despertar la admiración entre los pueblos vecinos, se vieron interrumpidas por la Guerra Civil. Y no solo eso: como en otros tantos lugares del país, en 1936 se produjo una bárbara quema de santos de catastróficas consecuencias para el patrimonio artístico-religioso de Santomera. Entre las imágenes destruidas, una hermosísima Dolorosa tallada en 1800 por Roque López, discípulo predilecto de Salzillo. Paco Cánovas, por entonces un niño que presenciaba curioso la escena, recordaba así aquel capítulo: «Tristemente, después de permitir que se llevaran los santos, fueron de casa en casa recogiéndolos. Los llevaron al atrio de la iglesia, hicieron una pila y les prendieron fuego. La última imagen en quemarse fue la Virgen de los Dolores, una Dolorosa, escuela de Salzillo, de las más hermosas. Cayó encima del montón. Prendió el fuego en los vestidos y subió por la armadura de madera hasta su cara. Entre llamas permaneció mucho tiempo aquel rostro divino, que parecía llorar más perdonando a quienes, sin saber por qué, estaban cometiendo aquella penosa equivocación…».

Ocho años tardó Santomera en adquirir los nuevos pasos necesarios y poder volver a sacar a la calle su Semana Santa cada Jueves y Viernes Santo: Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra de Andrés Lajarín, el venerado Cristo del Calvario, el San Juan que compró el siscareño Salvador Guillén, el Yacente de los talleres de Olot, que descansa dentro del Santo Sepulcro, y La Dolorosa tallada con maestría por Sánchez Lozano. Y diez años después, señal de la renovada ilusión por estas celebraciones, se incorporó la tercera procesión, la del Silencio, que partió por primera vez la medianoche del Jueves Santo de 1954, ya con el actual crucificado, rodeada de tinieblas y mudez solo quebradas por un par de faroles, por los cirios que portaban muchísimos fieles de este y otros pueblos y por el redoble de un solitario tambor. Hasta nuestros días, sigue siendo este el cortejo más solemne y que mejor conserva su inicial esencia, aunque en 1994 se introdujera como importante novedad el conmovedor momento del encuentro entre la Madre y el Hijo, entre La Dolorosa y el Cristo del Silencio.

Ya en 1975 se organizó la primera procesión del Resucitado, encumbrando así el Domingo con la celebración de la vuelta de Cristo a la vida. La Purísima, que sigue hasta hoy, el San Miguel que aportaban las Clarisas, el Sagrado Corazón de Jesús de la familia de Mariano Artés Gómez y un joven que hacía las veces de demonio encadenado, completaron junto a San Juan aquel desfile inaugural. Con el tiempo se sumaron la Cruz Triunfal (1987), San Miguel (1998) y el Cristo Resucitado (2003), que cubren ampliamente el hueco que formaron los dos pasos que ya dejaron de salir.

Desde entonces hasta hoy, la Semana Santa de Santomera ha combinado etapas de crecimiento con otras de retroceso que no han sido óbice para que el patrimonio artístico-religioso del municipio haya seguido enriqueciéndose con notoriedad. Por encargo de David Castejón Ballester, el afamado escultor Sánchez Lozano concluyó en 1981 su magistral Cristo del Rescate, que desde dos años después encabeza los cortejos de la pasión y el entierro. Y en 2016 procesionó por primera vez el San Juan del también reputado Pepe Hernández, sustituto del que en los años cuarenta llegó procedente de los talleres de Olot. Por último, en 2019, hecho histórico, se sumaron dos nuevos pasos: la Santa Mujer Verónica, esculpida por Pablo Corbalán, y Jesús de la Caída, con imágenes de Milton Farfán y Salvador García, que vienen a seguir engrandeciendo una Semana Santa originada hace más de tres siglos y que es uno de los legados religiosos y culturales más valiosos que nos dejaron nuestros antepasados.

Actos destacados

Cuaresma. Varios actos adelantan las celebraciones puramente pasionales durante los días de Cuaresma. Entre ellos, seguramente el de mayor calado sea la solemne ceremonia del pregón de Semana Santa, acompañada siempre de la entrega de galardones a las personas que el Cabildo elige para su lectura y como Nazareno de Honor y Cofrade Distinguido. Generalmente se celebra el sábado anterior al Domingo de Ramos. Además, todos los viernes de Cuaresma se completa un viacrucis con el Cristo del Calvario por las calles del pueblo, desde el templo de Nuestra Señora del Rosario hasta la ermita del Calvario, lugar que el primer viernes de marzo acoge un besapiés al Cristo. Representaciones teatrales, conciertos de música sacra, concursos de dibujo y otros encuentros eucarísticos completan la programación en tiempos de Cuaresma.

Domingo de Ramos. Cargada de palmas o ramas de olivo, la feligresía santomerana se concentra en una de las principales plazas de la localidad, escogida cada año, para leer de la Biblia y participar de la bendición de las palmas que realiza el párroco. Posteriormente, la comitiva, acompañada de los estandartes de las diferentes cofradías, se desplaza hacia la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, donde se celebra una misa solemne.

Jueves Santo. Los desfiles pasionales de la Semana Santa de Santomera comienzan con la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Participan en ella los siguientes pasos: Cristo del Rescate, Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Mujer Verónica, Cristo del Calvario, San Juan y la Virgen de los Dolores. Apenas un par de horas después, bien entrada ya la noche, parten las dos procesiones del Silencio del municipio: en El Siscar, con los tronos del Cristo Crucificado y La Dolorosa, y en Santomera, con el Cristo del Calvario y la Virgen de los Dolores –copia de la Dolorosa de Salzillo realizada por Sánchez Lozano–. Estas marchas son las únicas en las que los nazarenos no reparten caramelos, transcurren entre penumbras, bajo la tenue luz de las velas, tienen por único acompañamiento musical el retumbar de los tambores y alcanzan su cénit durante los respectivos encuentros entre las imágenes del Hijo y la Madre.

Viernes Santo. A lo largo de la mañana del Viernes Santo, la Cofradía del Santo Sepulcro tiene por costumbre embellecer el trono con sus tradicionales alhelíes blancos, cultivados con esmero durante todo el año. A primera hora de la tarde tiene lugar en la iglesia parroquial la celebración de la Pasión y Muerte del Señor, adelanto de la procesión del Santo Entierro que parte por la noche con los siguientes pasos: Cristo del Rescate, Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Mujer Verónica, Nuestro Padre Jesús de la Caída, Cristo del Silencio, El Sudario, Santo Sepulcro –popularmente conocido como ‘la Cama’–, San Juan y la Virgen de la Soledad. Al finalizar la marcha, es antigua costumbre realizar un viacrucis desde el templo parroquial hasta la ermita de la Casa del Huerto, donde reposa el Santo Sepulcro.

Sábado Santo. A las 23 horas tiene lugar en el templo parroquial de Nuestra Señora del Rosario la Vigilia Pascual.

Domingo de Resurrección. El Domingo de Gloria es el día más alegre de la Semana Santa de Santomera. Arranca con la celebración de una Santa Misa en la iglesia, a la que sigue la procesión de la Resurrección del Señor. Acompañados de nazarenos descapirotados que reparten caramelos, bocadillos, huevos duros o monas de Pascua, y rodeados de un ambiente puramente festivo, desfilan aquí los pasos de la Cruz Triunfal, San Miguel, Cristo Resucitado, San Juan y La Purísima.

Los pasos

Cristo del Rescate. Talla de manos atadas al frente, tras ser flagelado y coronado con espinas. De cautivador rostro, la genial obra de Sánchez Lozano supone una magnífica carta de presentación para la Semana Santa de Santomera, cuyas procesiones abre desde 1983, aunque la obra data de dos años antes. Participa en los cortejos de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Jueves, y del Santo Sepulcro, el Viernes, para lo que es trasladado desde la ermita de La Matanza. Sus nazarenos lucen túnica morada de terciopelo y capuz blanco, con estilo huertano en el caso de quienes portan el trono, realizado en madera y con detalles de orfebrería y escenas bíblicas.

Nuestro Padre Jesús Nazareno. El escultor valenciano Andrés Lajarín supo plasmar con maestría el dolor y la humillación de un hombre flagelado y apaleado que carga la cruz a cuestas, camino del Calvario. Basta una mirada al semblante del titular de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, imagen de vestir elaborada entre 1935 y 1936, para sentir toda esa emoción contenida. Treinta costaleros se encargan de llevar el trono, que recrea a Cristo sobre un puente; entre ellos, algunas mujeres –fue el primer paso en incluirlas como portadoras–. Va acompañado en sus desfiles de Jueves y Viernes Santo por nazarenos con túnica, capa y capuz de raso morado, adornado con ribetes, cíngulo y un colgante con la insignia de la cofradía de color dorado.

Santa Mujer Verónica. La Cofradía de San Miguel incorporó en 2019 la imagen de la Santa Mujer Verónica para representar la sexta estación del viacrucis: el momento en el que Verónica tiende un paño a Cristo para que se enjugue el sudor y la sangre, quedando milagrosamente impreso su rostro divino en la tela. Es obra del escultor santomerano Pablo Corbalán García, que, tras un año de trabajo, logró rematar una hermosa talla de vestir realizada en madera de cedro, bendecida el 13 de abril de ese mismo año. Procesiona en los desfiles de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Jueves Santo, y del Santo Entierro, el Viernes, sobre un trono con medio siglo de historia, heredado de la Virgen de la Fuensanta de Murcia. Sus nazarenos visten la misma túnica del Domingo, de estilo huertano y color granate. Van precedidos por el estandarte, de color rojo, con dos alas y un cáliz pintados por el artista santomerano José Miguel Muñoz.

Cristo del Calvario. La actual imagen –sustituta de la destruida en 1936, datada entre los siglos XVII y XVIII– fue adquirida por Joaquina ‘de la Balsa’ cuando la guerra aún no había concluido, motivo por el que llegó a Santomera escondida en un carro, tapada con paja. No se trataba entonces de una talla nueva, lo que hace pensar que pueda superar con facilidad los cien años. Jueves muestra la escena del Calvario completa: Jesús, ya abandonado, junto a la Virgen de las Angustias, un ángel que recoge su sangre y, desde 2018, San Juan. En el cortejo del Viernes, el Cristo es sustituido por una cruz de la que pende El Sudario. Sus nazarenos visten túnica negra y fajín, capa, manguitos y capirote morados.

San Juan Evangelista. La habitual presencia del discípulo amado en los episodios de la pasión y muerte de Jesucristo motiva que su imagen sea la más recurrente: participa en todos los cortejos, excepto en la procesión del Silencio. Sobre el trono se yergue una talla de tamaño natural, realizada en madera de cedro real por el escultor murciano José Hernández Navarro, la cual sustituyó en 2016 a la que venía empleando la cofradía desde los años cuarenta. El apóstol, sereno y tranquilo, porta en su mano izquierda el evangelio que acaba de escribir mientras camina descalzo y sosegado. Puede verse el resto del año en la capilla de San Luis de nuestra iglesia. Los nazarenos visten túnica verde (roja el Domingo, en el caso de los 24 estantes) con capa y capirote rojo.

Cristo del Silencio. La única imagen de la Semana Santa de Santomera que inicia un recorrido procesional desde un sitio distinto al templo parroquial es el Cristo del Silencio. Lo hace el Jueves Santo, cuando parte desde el convento de las Hermanas Clarisas para encontrarse con la Virgen Dolorosa en la plaza de la Iglesia, colofón al cortejo del Silencio. Marcha sobre los hombros nazarenos vestidos con túnicas completamente negras, adornadas con cintas de raso blanco, acompañado entonces de penitentes que alumbran con velas y custodiado por un grupo de romanos. Al día siguiente, Viernes Santo, participa en su segundo y último desfile, el del Santo Entierro. Titular de la Cofradía del Santísimo Cristo del Silencio, la talla, elaborada en 1942, está expuesta en la entrada diestra de la iglesia.

La Virgen de los Dolores. La Dolorosa es uno de los pasos más arraigados en nuestra Semana Santa. En 1800 llegó a Santomera la primera de sus imágenes, extraordinaria obra de Roque López, discípulo predilecto de Salzillo, quemada como la mayoría en la Guerra Civil. Su vacío fue cubierto en 1943 por la actual, talla de vestir del imaginero Sánchez Lozano que conserva el aire salzillesco, expuesta en la capilla de la Comunión. Con túnica rosa y manto celeste bordado en plata, cierra el primer desfile de Jueves Santo y sale luego al encuentro del Cristo del Silencio en la plaza de la Iglesia. Viernes Santo vuelve a procesionar en último lugar bajo la advocación de La Soledad luciendo vestido blanco y manto de terciopelo negro bordado en oro. Su trono es portado por doce estantes con túnica de raso azul y un escudo bordado con la inscripción Mater Dolorosa.

Nuestro Padre Jesús de la Caída. La Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Caída se constituyó en el año 2016, pero su imagen titular no procesionó por primera vez hasta el Viernes Santo de 2022 (aunque su estreno estaba previsto para 2019, primero la lluvia y después la pandemia terminaron retrasándolo). Fruto de la devoción y afición por la imaginería religiosa de Antonio Martínez Molinero, representa la quinta estación del viacrucis: el momento en el que Cristo, camino del Calvario, exhausto, tras haber caído por primera vez al suelo, es auxiliado por Simón de Cirene. Para ello se recurre a dos tallas de madera de cedro policromado, con ojos de vidrio y ropaje tallado, realizadas por el escultor peruano Milton Farfán (2010 y 2011, respectivamente); completa la escena, como observadora, la Santísima Virgen de las Angustias (2011), talla de candelero del ceheginero Salvador García, con rostro y manos de madera de cedro y saya y capa bordadas por Fina Molinero. Procesiona sobre un trono de madera de tilo adornado con candelabros de pan de oro y sus nazarenos visten túnicas de color burdeos, igual que los capirotes –con la insignia de la cofradía bordada–, y cíngulos amarillos.

La Piedad. Obra del artista Joaquín Mayans, es una conmovedora representación de uno de los pasajes más intensos de la Pasión: la Madre con su Hijo muerto en brazos tras la crucifixión. Inspirada en la monumental Pietà de Miguel Ángel, retoma la tradición clásica de las vírgenes de la piedad, pero añade un sello propio que la convierte en un referente devocional y artístico en la Semana Santa de Santomera. Mayans, con gran sensibilidad, consigue transmitir el dolor contenido de la Virgen María, que sostiene el cuerpo inerte de Cristo con una mezcla de ternura, resignación y fortaleza. Los pliegues del manto, el detalle anatómico y la expresión serena y compasiva del rostro mariano evocan el estilo renacentista, mientras que la composición general mantiene un equilibrio solemne que invita a la contemplación. Se incorporó a la Semana Santa de Santomera en el año 2024; en aquella primera ocasión desfiló el Jueves Santo, en la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno, pero ya al año siguiente pasó a la procesión del Santo Entierro de Viernes Santo.

Cristo Yacente. ‘La Cama’, titular de la Cofradía del Santo Sepulcro, es, sin duda, uno de los pasos más destacados de la Semana Santa santomerana. Data de la segunda mitad del siglo XIX (1850-1885) y representa a Jesús dentro de una urna funeraria de madera tallada y bañada en oro y plata. La figura original de Cristo, destruida en la Guerra Civil, fue sustituida en los cincuenta por otra de pasta madera fabricada en Olot. El trono, de tres varales, es portado por diez estantes que, como los restantes nazarenos, visten túnica morada de verduguillo, tipo franciscana, adornada con un cordón dorado. Procesiona en el cortejo del Santo Entierro, el Viernes Santo, tras el que es trasladado en viacrucis hasta su ermita, donde se puede visitar a demanda el resto del año.

Cruz Triunfal. Seis estantes y sus correspondientes relevos cargan cada Domingo de Resurrección con el trono de madera dorada, datado en 1952, sobre el que se levanta la floreada Cruz Triunfal. Desde su primera participación, en 1987, hasta la actualidad, la familia Pérez-Carmona ha asumido la camarería del paso. Se trata de una imagen floral engalanada cada Semana Santa por artesanos floricultores, por lo que su aspecto varía de un año a otro. Entre niños y adultos, 32 nazarenos la acompañan durante la procesión del Resucitado, vistiendo túnicas beige con ribetes dorados y una cruz bordada en el brazo. Su hermosísimo estandarte, bordado íntegramente en hilo de oro, desfiló por primera vez en 1998 y fue donación por promesa de Reme Bautista.

San Miguel. La Cofradía de San Miguel Arcángel se incorporó a los desfiles pasionales de nuestro municipio en 1998 gracias a la iniciativa de las familias Ayllón-Casanova y González-Villaescusa. Su imagen titular, de fibra de vidrio policromada y cola de conejo, es obra de José Luis Marzo Herrán, catalán afincado en Santomera, y muestra al protector de la Iglesia cubierto por una armadura, empuñando con la diestra una espada y sujetando con la izquierda las cadenas que apresan al diablo. Desfila a hombros de dieciocho estantes, sobre un trono de madera dorada renovado en 2015. Sus nazarenos visten túnicas granates de estilo huertano con enaguas, medias y esparteñas, a semejanza de ‘los Coloraos’ de Murcia.

La Magdalena. La Cofradía de Santa Maria Magdalena, fundada en 2023 por Mamen Ballester, surge como único paso procesional llevado al hombro solo por mujeres. Talla de vestir realizada en 2024 por el escultor santomerano Pablo Corbalán, en su debut fue portada por doce mujeres; no obstante, con la evolución de la cofradía y la adaptación del trono, desde 2025 cuenta con dieciséis estantes, que marchan acompañadas de un séquito de manolas con mantilla blanca. La Magdalena, como es conocida en Santomera, procesiona el Domingo de Resurrección representando el papel bíblico y reconocido por la Iglesia de haber sido ella la primera en ver a Cristo Resucitado y la encargada de trasladar el mensaje al resto de apóstoles. Es vestida con un brocado valenciano en tonos dorados que representa la divinidad de la conversión al cristianismo, con un manto en forma de vestir hebrea con los colores que antaño se le han atribuido a esta Santa Mujer: el morado y el dorado. Porta en sus manos el perfumador con el que derramó su perfume sobre Jesús. Siguiendo esa línea de colores y cogiendo la tradición huertana murciana, las estantes y nazarenas de esta cofradía visten túnica corta morada, con enaguas blancas, ligas, medias de garbanzo y esparteñas hechas a mano. Su estandarte fusiona la donación de pendón que recibió Patricia Fernández, madrina de esta cofradía, y la pintura del pintor santomerano José Miguel Muñoz.

Cristo Resucitado. Animada por el entonces párroco, Jerónimo Sánchez, la Asociación de Amas de Casa enriquece desde 2003 los desfiles pasionales de Santomera con esta imagen de Cristo Resucitado. Tallada en cedro canadiense, la obra demuestra el profuso conocimiento que su autor, el reputado imaginero Pepe Hernández, posee sobre la fisionomía del cuerpo humano, la historia sagrada y, en especial, Jesucristo. Costaleros y demás nazarenos van cubiertos con túnicas de raso blanco con adornos dorados de pasamanería. También acompaña el paso un grupo de 45 manolas ataviadas con traje negro de teja y mantilla blanca.

La Purísima. Obra proveniente de los talleres de Olot, la Purísima Concepción fue adquirida en 1942 por la familia Artés-Borreguero y actualmente se encuentra bajo la camarería de sus descendientes de la rama Sánchez-Campillo. Fue uno de los pasos con los que comenzó a celebrarse, en 1975, el cortejo del Domingo. Y, desde entonces hasta hoy, se viene encargando de cerrar la procesión del Resucitado. Seis portadores cargan el trono, en el que se muestra a la Inmaculada gozosa por el anuncio de la resurrección del Hijo, situada sobre nubes sostenidas por un grupito de pequeños ángeles. Destaca la vestimenta de sus nazarenos, de color blanco y azul celeste, con capuz de estilo hebreo.

Las celebraciones de Semana Santa en el municipio se completan con la Procesión del Silencio de El Siscar, que representa el encuentro entre el Cristo Crucificado y La Dolorosa:

Cristo Crucificado. La imagen original procesionó en El Siscar entre 2003 y 2011; un año después, fue sustituida por otra de mayor tamaño, adquirida en la Librería Diocesana de Murcia por la antigua hermandad. Ambos están expuestos de forma permanente en la iglesia de la localidad, y tanto del primero como del actual se desconocen el autor y el año de producción. El trono es portado por diez portadores que lucen túnicas de terciopelo morado, igual que los integrantes del grupo de tambores.

La Dolorosa. La Virgen de los Dolores, obra de vestir del reputado imaginero murciano José Hernández Navarro, llegó a El Siscar en 2008, cumpliendo el encargo que José Martínez Juárez (‘Ceferino del Estanco’) y Teresa Andúgar González, por entonces ya difuntos, habían dejado a sus hijos Antonio y Pepe. Fue bendecida el Domingo de Ramos de aquel año. Se encuentra en la iglesia de El Siscar y procesiona sobre un trono de ruedas empujado únicamente por mujeres vestidas de luto.

Consulta el último programa

Puedes consultar la programación completa de la última Semana Santa de Santomera haciendo clic aquí.

Scroll al inicio
Santomera
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.