Página: Juan Fernández Marín

Juan Fernández Marín

Natural de la pedanía caravaqueña de Barranda, fue ordenado sacerdote en 1954, a la edad de 24 años.  Tras servir en diversos destinos y pasar casi una década y media como misionero en Ecuador, llegó a Santomera para acompañar a su hermano Antonio, párroco de Nuestra Señora del Rosario entre 1972 y 1980. Esa relación se prolongó más allá y D. Juan terminó por convertirse en pieza fundamental de la vida social y cultural del municipio durante más de treinta años; parte de ese vasto legado quedó reflejado en la fundación de la Escuela de Padres y de la revista ‘La Calle’.

BIOGRAFÍA

Nació en Barranda (Caravaca de la Cruz, Murcia) el 10 de diciembre de 1930, en el seno de una familia cohesionada, con tres hermanos menores: Joaquín, Antonio (también sacerdote muy recordado en Santomera) y Maruja. Fue bautizado en la ermita del pueblo por D. Antonio Sánchez Fernández, llamado ‘el Jumillano’. Vivió sus primeros años inmenso en una cultura rural, fruto de una hermosa tradición, auténtico depósito de una sabiduría acumulada que le sirvió para explicar el mundo y tener una conciencia de arraigo y seguridad psicológica, con valores tan importantes como la austeridad, el esfuerzo y la sinceridad.

Su padre, conocido como ‘Filo’, era herrador muy popular que una vez le dijo: «Nunca pongas llaves en la puerta para que entre en la casa todo el que os necesite». Su madre, conocida como María ‘la de Filo’, le enseñó que «las pequeñas y verdaderas emociones de cada día son las guías y las anclas seguras del barco de la vida, las que hacen del mar de vivir una estancia que anticipa lo eterno».

Asistió a la escuela de D. Antonio Inglés Díaz y participó activamente en actividades juveniles, organizando incluso funciones de teatro, al tiempo que actuaba de monaguillo. Una vez acabados los estudios de primaria, decidió empezar el bachillerato y D. José Montesinos, sacerdote, le indujo a ingresar, en 1941, en el Seminario Menor de Murcia. Allí permaneció solo dos años, para pasar en 1943 al Seminario Mayor de San Fulgencio, donde completó su bachiller y su carrera sacerdotal, siendo ordenado en 1954 por el Sr. Obispo D. Ramón Sanahuja y Marcé, cantando su primera misa en la ciudad de Barranda.

Su primer destino fue como coadjutor en la Iglesia de la Purísima de Yecla, al lado de D. Manuel Pereira Navarro, donde permaneció durante dos años; de aquella etapa nunca olvidará la gloriosa coronación canónica de la Virgen del Castillo, patrona de Yecla, el 7 de diciembre de 1954, por el Sr. Obispo Sanahuja. Desde allí marchó como párroco a El Moral, donde permaneció durante dos años, acudiendo con su moto a atender espiritualmente a los pueblos vecinos de la zona norte de Caravaca.

En 1958 se marchó a Ecuador, país en el que desplegó una inmensa actividad misionera durante 14 años. En aquella tierra mágica, por su biodiversidad y su sorprendente naturaleza, ejerció de consiliario diocesano de la Juventud Cristiana, de jefe de redacción de la revista Catolicismo y escribió una sección llamada ‘Ver y pensar’ en el periódico El Mercurio. Fue capellán en Guayaquil de varios colegios, para después ir a la Parroquia de los Pascuales de Nobol, donde logró una total integración social, hasta el punto de ser nombrado comandante del cuerpo de bomberos. Posteriormente, fue nombrado rector del seminario de Cuenca (Ecuador), impartiendo clases de Literatura y de Filosofía, al tiempo que ejercía como párroco en la Iglesia de San Francisco. Fue fundador en Cuenca del movimiento Carlos de Foucauld, de gran contenido pastoral… Datos varios que pueden dar idea de su total integración en el país de los nevados luminosos y de los ígneos volcanes, concediéndosele incluso la Medalla de la Ciudad de Cuenca, que no llegó a recoger.

Regresó a España en 1972, cuando era obispo de la Diócesis de Cartagena D. Miguel Roca, quien le encargó la Delegación General de Emigrantes, puesto que le permitió viajar por diferentes países de Europa. Fue encargado por el obispo de la Formación y Pastoral de los Gitanos, ejerciendo un apostolado familiar. Desempeñó los cargos de delegado diocesano de medios de comunicación social y vicario episcopal de zona.

Importante fue su relación con D. Angel Marí, compañero de estudios de un curso superior en el seminario, a quien acompañó durante treinta años como capellán del Hospital San Juan de Dios, después renombrado como Hospital General Universitario Reina Sofía de Murcia. Estuvo colaborando activamente con los obispos Ureña y Azagra.

Por último, destacar la estrecha relación que mantuvo con Santomera, acompañando a su hermano Antonio (q.e.d), párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario entre 1972 y 1980. En los ocho años de residencia en nuestra ciudad, desarrolló tan variadas actividades que le convirtieron en toda una referencia de Santomera: el renovado Novenario de la Virgen del Rosario, la recuperación de las misas de gozo, el cine parroquial, las hermosas fiestas que tanto unían, el movimiento juvenil, la fiesta de los camineros y la adquisición de San Cristóbal, el entusiasmo por renovar y mejorar las procesiones de Semana Santa… Podría añadir las misiones que se organizaron, la Semana de la Juventud, el ciclo de conferencias para dar a conocer el desarrollo y las raíces de la democracia… Vertebró numerosas actividades y, de manera destacada, fundó la Escuela de Padres, que realizó una intensa labor formativa, y fue pieza clave en la creación y primeros años de andadura de la revista La Calle. Sin duda, una extraordinaria implicación y un legado maravilloso para numerosas generaciones, que en 2004 le valieron ser nombrado Hijo Adoptivo de Santomera, con el apoyo unánime de todos los grupos municipales y el respaldo de más de un millar de firmas vecinales. Por eso, ni Juan olvidó nunca a Santomera, ni Santomera lo olvidó jamás a él.

Fue colaborador asiduo de diferentes medios de comunicación de Murcia: en la emisora de radio Cope desarrolló durante veinte años un espacio dominical, fue articulista en La Verdad y escribió una columna semanal, todos los domingos, en La Opinión de Murcia. Participó en diversos foros sociales, como las tertulias de Violante o la que el propio D. Juan dirigió durante años, semanalmente, hasta poco antes de su fallecimiento, el 2 de enero de 2024, pocas semanas después de haber cumplido los 93 años, en la residencia de mayores Hogar de Nazaret, regentada en Rincón de Seca por las Hermanas Misioneras de la Sagrada Familia.

Participó en actividades diversas en distintas instituciones españolas, asistiendo a cursos como ponente y dando conferencias. Publicó infinidad de artículos en revistas y dos libros, uno de poemas, titulado ‘Réquiem. Visiones y revelaciones’ (2005), y ‘Todos nómadas. Las páginas del cura’ (2012), con dos ediciones, donde recogió más de un centenar de historias vividas personalmente en su peregrinar diario.

D. Juan fue una persona enamorada de Jesucristo, que derramó por doquier los dones de su inmenso corazón, que se volcó con los desconocidos, con los emigrantes, con los pobres y con los enfermos. Un objetivo siguió fielmente a lo largo de su vida: aliviar el sufrimiento humano.

Guzmán Ortuño Pacheco
(Biografía actualizada a fecha 3 de enero de 2024)

LOS DATOS CLAVE

► Nació en Barranda (Caravaca) el 10 de diciembre de 1930, siendo el mayor de cuatro hermanos (entre ellos, el también sacerdote, muy recordado en Santomera, Antonio Fernández Marín). Falleció el 2 de enero de 2024, pocas semanas después de haber cumplido los 93 años.

► Desde muy joven destacaron en él su gran capacidad como dinamizador social y cultural, así como una vocación pastoral que empezó a conformarse en 1941, cuando ingresó en el seminario menor, y que se confirmó con su ordenación como sacerdote en 1954.

► Cuatro años después de su ordenación, marchó como misionero a Ecuador, país en el desempeñó distintas funciones de relevancia y en el que, durante catorce años, se granjeó un enorme cariño.

► Regresó a España en 1972, encadenando diversos puestos de importancia en la Diócesis de Cartagena. Vivió ocho años en Santomera en compañía de su hermano Antonio, por entonces párroco de Nuestra Señora del Rosario, durante los que se convirtió en un referente de gran valor para toda la comunidad.

► Entre otras muchas iniciativas en nuestro municipio, destacan su crucial papel en la fundación de la Escuela de Padres y en la creación y primeros años de vida de la revista ‘La Calle’.

► Su nombramiento como Hijo Adoptivo de Santomera contó con el respaldo de más de un millar de firmas vecinales y culminó el 11 de noviembre de 2004.

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